viernes, 30 de noviembre de 2007

Cómo comer el coco

Quiero presentar una queja formal sobre los profesores de universidad. Voy a generalizar, y que nadie se asuste, que lo estoy avisando, por eso de la economía del lenguaje, aunque por supuesto esta actitud no se da en todos los profesores ni sólo en los universitarios.

He recibido, durante estos casi tres años que llevo en la carrera, varios intentos de comedura de coco no disimulados y repetitivos. Es una opinión personal pero me parece inaceptable y vergonzoso que desde las universidades públicas, concretamente en la Carlos III de Madrid, que es en la que estudio, no se intente al menos controlar esta actuación de algunos supuestos profesionales de la enseñanza. Estoy de acuerdo con la libertad de cátedra, pero no considero que transmitir las ideas políticas propias a los alumnos vaya a servir para convertirlos en librepensadores.

Muchos de los profesores de universidad no tienen más que sacarse la carrera y acumular cierto prestigio para que se les ofrezca un puesto como profesores. Entonces, se convierten en maestros sin conocimientos sobre los principios de la enseñanza que hablan de cualquier cosa y de cualquier forma. Esto se suma, en algunos casos, a que por ejemplo en la carrera de Periodismo es muy habitual el análisis de la actualidad, que en muchos casos se hace de una forma desvergonzadamente partidista.

Lo más extraño, o por lo menos lo que más me ha decepcionado, es que es por parte de los profesores de izquierda de los que más he sufrido esta conducta encauzadora, escuchando en una ocasión, y no diré el nombre del supuesto erudito: “si alguien no se moja con esto es porque es de derechas”. Protesto por ello y me avergüenzo de tener que hacerlo. Pido por favor y exijo si hace falta, aunque ninguno de ellos lo vaya a leer, que cesen en esta actitud. Quiero pensar por mi misma, sacar mis propias conclusiones y no copiar como materia teórica indiscutible un mero punto de vista, sea o no la postura más razonable la que se esté adoptando.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Los baches están debajo

La carretera M-119 sale de Alcalá de Henares con destino Camarma de Esteruelas y después continúa su trayecto por muchos pueblos más, como Valdeavero o Torrejón del Rey. Es una de las más transitadas de la zona y noticia estas últimas semanas por ser testigo de siete muertes. En definitiva, carretera de un carril para cada sentido, con atascos todas las mañanas para acceder desde ella a la N-II (E–90, que une Madrid con Zaragoza) y a la moderna R–2. Además, la M-119 ha sido recientemente asfaltada, ensanchándola un poco, para lo que han estado paralizando el tráfico y formando retenciones durante meses. Una vez asfaltada, la pobre sufre todavía baches en los accesos a sus rotondas y ahora que se han quitado los hoyos que presentaba, los coches circulan a más velocidad por ella, lo que aumenta el peligro de accidente y de quedarse atascado en los lados de la carretera, zonas con mucha pendiente (como se puede observar en los fotografías siguientes) y sin arcén.

A través de esta carretera, por tanto, se llega a la Nacional, que además lleva a la estación de La Garena de Cercanías RENFE, usada al día por centenares de personas, al único Corte Inglés de Alcalá de Henares, a la Radial y a otras carreteras convencionales como la de Daganzo o Loeches, en este caso, como única forma de acceso desde Camarma.

Hasta llegar a Camarma, hay varios polígonos industriales. El más nuevo es La Raya, con, por ejemplo, un almacén de la empresa Alcampo. El otro es Alcamar, con empresas como Armacentro S.A., Movesa S.A. y CristalSol, dedicados a la construcción con hormigón armado, metalurgia y siderurgia y carpintería de aluminio, respectivamente. Hay mucha más actividad, porque además de pasar por aquí todos los ciudadanos que quieran ir a pueblos más alejados y estos impresionantes camiones de hierro, hay una escuela de equitación en la zona, Las Cadenas (mencionada ya en otras entradas) a la que acuden a la semana unos 500 personas entre alumnos y clientes.

El tráfico en la carretera es constante y abundante. Los atascos por la mañana son diarios y la desesperación de los usuarios va en aumento. Lo peor es que no sólo es eso lo que sube, sino que también se suman los fallecidos en esta carretera. En menos de un mes, siete personas han muerto en tres accidentes distintos. La información del Diario de Alcalá en su página web (de la cual están extraídas las fotograías de los accidentes) dice así: “El pasado fin de semana una nueva colisión provocó la muerte de dos personas en el mismo punto en la que hace un mes perdieron la vida otras cuatro. El choque frontal (…) entre Camarma y Valdeavero, provocó la muerte de una mujer de 58 años, G.C.M., que iba en el asiento de atrás del primer vehículo, que pereció casi en el acto; y de un joven de 19 años, S.P.V., que tuvo que ser rescatado por los bomberos al quedar atrapado en el amasijo de hierros, aunque murió en el traslado al hospital. El marido de la fallecida, J.J.P.B., de 58 años, ingresó en el hospital La Paz en estado grave, mientras que su hija, de 12 años, sólo sufrió lesiones leves. Es el tercer accidente mortal que se registra en menos de 40 días en el mismo tramo de la M-119.”


Era la información sobre el último de los accidentes, pero continúa así: “El 2 de octubre pasado cuatro trabajadores de origen rumano murieron en un siniestro similar y los cuatro varones, de entre 20 y 30 años, fallecieron al colisionar frontalmente con el vehículo conducido por una mujer, de 34, que resultó herida grave en el accidente. (…) Sus cadáveres quedaron atrapados en el automóvil, por lo que los bomberos procedieron a rescatarles. Una semana antes perdió la vida un hombre de 23 años en un accidente con otros tres heridos graves y uno herido leve en una colisión frontal entre un turismo y una furgoneta. El conductor del turismo, M. A. O. A. un varón guineano, falleció en el acto mientras que los hombres que viajaban en la furgoneta sufrieron lesiones de diversa consideración. El más grave tenía entre 35 y 40 años y sufrió un traumatismo craneoencefálico severo y otro traumatismo abdominal.”

A pesar de todos estos datos, la Comunidad de Madrid, responsable de las obras públicas en las carreteras convencionales como ésta, continúa en su postura que defiende que el tráfico no es el suficiente para el desdoblamiento de la carretera, para el que, en mi opinión hay espacio suficiente, y que no es un punto negro. Se dedica a tapar las muertes con asfalto nuevo y no se da cuenta de que los baches todavía están debajo.

Jimena Ortiz.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Con el agujero en el bolsillo

La tarde en un Recinto Ferial puede costar más de 30 euros


Si aún no ha pisado el Recinto Ferial (instalado durante las Ferias y Fiestas de Alcalá de Henares a finales de agosto) y tiene pensado salir un día a pasar la tarde con los niños por los distintos puestos y atracciones de la Feria, lo más recomendable es preparar el bolsillo. Porque pasar la tarde en las fiestas de la ciudad puede resulta más caro que un día en un parque temático.

Y es que montarse en una atracción cuesta 2,50 euros como mínimo. Si a eso le suma el mismo precio por un algodón de azúcar, que seguro se les antoja a los niños, una botella de agua, a 1,50, –porque tras el dulce aparece la sed–, la Feria empieza a pasar de ser un momento divertido al rato más caro del mes. Así que, al final pagar la entrada para ir a un parque de atracciones sale más barato y tanto niños como mayores estarán más entretenidos. Incluso es más barato pasar el día en la Warner, uno de los más caros de Madrid. Ahí, por 58 euros un adulto y un niño pueden pasar el día disfrutando de las atracciones todas las veces que quiera.

Por el mismo precio, en la Feria de la ciudad, disfrutarán un menor número de veces las atracciones. Por ejemplo, una ruta de padre e hijo empezando por las camas elásticas infantiles, en las que sólo pueden montar menores de 14 años, ya sería 2,50 euros por menos de cinco minutos de diversión. Sumado a otras dos atracciones del mismo precio, supone un total de 7,50 euros en menos de 15 minutos por cabeza. Claro que quién se va a quedar sin una vuelta en la noria (3 euros), lo que asciende el gasto a los 13,50 euros. O sin probar alguna de las novedades, como saltar por los aires dentro de una bola gigante sujeto sólo por dos gomas elásticas, es decir, la Crazy Ball (10 euros).Pero la tarde es larga y para seguir disfrutándola otra opción pueden ser los coches de choque, en los que una vuelta son 2 euros más. En total, en menos de una hora, puede haber gastado alrededor de 30 euros, tirando por lo bajo, teniendo en cuenta que la duración de la diversión se acorta, incluso varios minutos, si hay mucha demanda.

Pero no sólo el precio de las atracciones dejan boquiabierto a más de uno. Jugar una partida en alguna de las casetas ronda los 3 euros. Y da igual si consiste en meter los dardos en un aro, explotar globos o dar una patada a un balón, todas tienen el mismo precio. Además, el que empieza, juega más de una vez.

EL APARCAMIENTO
El aparcamiento del Recinto Ferial es un caos. Encontrar un sitio en la calle es una tarea complicada ya que El Val se satura y en la zona de arena se forman auténticos laberintos. Esto se debe a que no hay señalización para estacionar los coches, que además tienen que compartir sitio con los camiones de los feriantes, y a que la salida es la misma acera.

LA COMIDA
Los alimentos andan lejos de su coste real en cualquier puesto del Recinto. Por ejemplo, media docena de churros (3 euros) una patata rellena (6 euros) o una berenjena (2 euros) salen bastante caras y siempre al mismo precio independientemente de dónde se acuda. Sin contar que el que no vaya cenado y quiera un bocadillo deberá pagar de unos 4 a 5 euros, lo mismo que por un kebab o algo menos por un perrito (2,50). En cuanto a las bebidas casi mejor no hablar. Un botella de agua sale por 1,50 euros y un refresco por 50 céntimos más.

En definitiva, que mejor ir a la Feria andando, bien comidos, tapando los ojos a los niños y sin mucho dinero para evitar tentaciones. Todo sea por el bien del bolsillo.
Jimena Ortiz y Ana Galán.